Seré tu niño absoluto,
balbuceante y desnudo,
entre barrigas hecho de tu raza.
Renaceré feroz
sobre la estepa austera de lo inmundo,
repitiendo monstruos ungidos
en el plano anquilosado de la felicidad.
Volveré, apadrinado del atraso,
a ser todo lo que quiero en ti,
imperioso y ponderado,
sórdidamente prematuro,
hablante unívoco
de un eco atroz.
Y te daré los buenos días,
extinta la dolencia de todo lo omitido,
y veré que han sido vanas
las cumbres estertóreas
de mi melancolía.
Cuando se sepa,
quizás no haya quizá,
no haya ni allá,
y acá no estés
en ningún lado.




