13.7.09

Para cuando se sepa


Seré tu niño absoluto,
balbuceante y desnudo,
entre barrigas hecho de tu raza.

Renaceré feroz
sobre la estepa austera de lo inmundo,
repitiendo monstruos ungidos
en el plano anquilosado de la felicidad.

Volveré, apadrinado del atraso,
a ser todo lo que quiero en ti,
imperioso y ponderado,
sórdidamente prematuro,
hablante unívoco
de un eco atroz.

Y te daré los buenos días,
extinta la dolencia de todo lo omitido,
y veré que han sido vanas
las cumbres estertóreas
de mi melancolía.

Cuando se sepa,
quizás no haya quizá,
no haya ni allá,
y acá no estés
en ningún lado.

13.5.09

Thank you, Mr. Hunter


córtame pendenciero y murciélago y
floresta presta, margen de universo
cuadrícula centella aquel cifrado vuelo del metal
polvo al azar, curva menguante de paz, arma de santo
dispárame una puerta para salir contigo en la navaja

aflórame sosiego, error y cálculo, todo encapullado
maleficente bisturí, recto chillido al fuero de los años
diente y estilo, tajo dentado, ven, déjame labrado
aquí donde la fauna despelleja

resbálame un desliz, cuero y complejo
arrópame con alas de quiróptero señero
para volar en ráfagas de luz entronizada
como presa resabiosa que huye de rama en rama
hasta que el Cazador nos cuelgue sin deceso

2.5.09

Vine a decir adiós


subí a tu montaña
y llegué a tu costa

crucé la selva
de tu abdomen

hermoso cruce
hermoso

ya estabas despedido

Borbotón

Tan ruidosamente nos engañó la cama,
tanto descansó en ella el mito congraciado,
que en su colchón se desquició el reposo.
Tanto en ella soñamos lo desconocido,
tanto mi barba dio de beber a la tuya
chorros vertidos en la incertidumbre;
tanto falseamos sobre ella,
borbotón a borbotón, como un murmullo
defectuoso que se grita
en la venida temblorosa del ensueño;
tan y tanto nos tragamos
tan y cuánto nos miramos
entre subidas y mojadas,
que no dejamos nada...
Ya nada más reclamo.

Riachuelo

En cuanto llama
caliente el riachuelo,
en cuanto vierte
someras sus fronteras,
va decayendo
sumisa la quimera
que se hace escarcha
mojada en la espesura.

En cuanto llama,
tu río blanquecino
va haciéndose aguardiente
salido de la Tierra.
Su cauce iluminado
restituye el paso
de un mínimo inexacto
y sordo que derrama
tu fuente empedernida.

En cuanto llama, me quemo.
En cuanto llama, respondo.

Escucho tus hervores reprimidos
de amante consecuente
que amarra lo caliente
y roza lo mordido.

Despeinas mi bigote.

No respetas que hay vida
y que respiro contigo,
cuerpo adentro en la derrota.

En cuanto llama,
someto el esqueleto
al filo consentido,
letargo que reclamas
en raudo aplauso de fauces.

Despiertas desalmado,
fingiendo entre mis dientes
un baile de manada.

Renuncio dolorido
y me vas dando
un pésame repetido,
sabiendo que mañana
seremos fuego y flama,
bochorno y melodía,
ingesta y retirada.

24.2.09

Dichoso


De pérdida y desolación
siempre me entero primero,
sobre todo cuando voy
armándome las trampas.
Me entero así: perplejo,
contraído bajo el rubro
de un falso escalofrío.
Me entero almidonado y quieto,
dejando que desfile la desgracia
en medio de mi pecho.

De pérdida y desolación
desangro retraído
el último resquicio de cordura
que atesoraba inútil,
ciñéndome la horca
al cuello deseoso
como si acariciara el lujo
de un viaje repentino
que me regrese al filo
perdido de mi ombligo.

7.2.09

Bis ( a A.J. Gamunev )

Mi cuerpo dio la seña de un sentimiento viejo,
de una muerte concertada y prematura.
Llamó con resonancia inaudita, con
eco perturbador que desampara al miedo.

Un sentimiento añejo y aprendido,
tal vez erradicable a fuerza del expurgo,
a fuerza de escisiones, de aislamientos
en algún refugio gestado a sacudidas
de donde broto en desacuerdo y olvido
el ritmo antiguo de las cosas.

Dará otra seña, por fuera, a media noche,
cuando los días me superen, tenaces,
en un atisbo de nubes que me sueñe
dormido a mediodía, de tarde, el tiempo todo.

Susurrará sospechas dispersas en el aire;
tiritará anhelante mi muerte consentida
en un después solitario que no reciba visitas,
en un ahora perverso que se burla.

Lo anterior.

A lo grande

Eras sin mácula,
bajo el sombrero,
ominoso kantiano
con batola
y
mis palabras
sólo disfrazaban
un enorme secreto
en tu silencio.

11.3.08

Nada más deseo

que la ceguera pueda
dejarte a tientas,
desmenuzando el miedo,
palpando palpitares

que pases cadenciosa
tu mirada vacía
sobre mi margen secreto,
perdida en el sonrojo
de una vergüenza privada

que olfatees mis señuelos
tras la puerta del antojo,
mientras conservas tu venda
como un visaje de fuego

que no escapes de esa pose
que te hace adivinanza,
que sólo intuyas matices
en mi ajuar desposeído

que, despojado el ropaje
de tu obsoleto albedrío,
quedes callando conmigo
la euforia de mi desvío