Tan ruidosamente nos engañó la cama,
tanto descansó en ella el mito congraciado,
que en su colchón se desquició el reposo.
Tanto en ella soñamos lo desconocido,
tanto mi barba dio de beber a la tuya
chorros vertidos en la incertidumbre;
tanto falseamos sobre ella,
borbotón a borbotón, como un murmullo
defectuoso que se grita
en la venida temblorosa del ensueño;
tan y tanto nos tragamos
tan y cuánto nos miramos
entre subidas y mojadas,
que no dejamos nada...
Ya nada más reclamo.
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