16.1.10

Recurso



Hay ambición en las hojas caídas.
Hoy la descubrí, circunspecta y discreta.
Se acomoda entre lo visible y lo invisible,
en un mundo pequeño y desvezado.
Todo cruje en su desplante artificial
de turba y verde ajeno.

Ellas lo sopesan todo, una,
sobre otra, sobre sí, sin conspirar.
Son mansas, menguantes, laxas
en el desarraigo temerario
que las lanza al vacío.

Caen secas de saberse dar al viento.
Secas de besarse, de saberme
en la tierra y en la paja.
Secas de tanto confesarle al viento
que la madera es traicionera y
que la celulosa es un invento
de la microscopía.

Saben mucho. Por eso aspiran a caer,
a la rasura dura de un descanso pisado.
A caer como preces sin amenes
en un desliz soplado y comedido
que las deja plenas sobre el suelo yermo,
en la felicidad de ser ninguna cosa.

Ambicionan, humildes, la sublimación
de todos sus aburrimientos,
como si contrataran la renovación
de algún fracaso, desentendidas
del motor de la vida…
Porque su vida es otra:
menos verde, menos agarrada
a las frondas que ilustran los edenes,
más ilusionada en su nulidad.

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