Atrapado en el ámbar de un beso
me hice fósil de miel en raudo vuelo
revoloteo de savia que hoy emulan
las abejas con vocación de renuncia,
centinela de mieles heredadas,
marido de todas las cortezas.
Ambarino, descubrí que tu sexo
no es como el de las abejas
y que tu beso es un reposo, una quietud,
un libar de la progenie de los hombres,
manjar de pecíolo, niebla de primavera
y que la fuente de mi barba es edénica
y que en ella florezco imbesable
cuando me zumbo a entresacar dulzuras
en el melaje curvo de tus sentaderas
como abejorro y señor de los panales.
¡Aguijón, eres mío!
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